"LA FORTALEZA DEL SER HUMANO ES CONOCER SU DEBILIDAD; SI QUIERES SER FUERTE SUPERA PRIMERO TU DEBILIDAD" "EL ILLO"

miércoles, 17 de abril de 2024

NOS VOLVIMOS A ENCONTRAR

 

En la aurora de un nuevo día, te vi nacer,
con la ternura de un amanecer en la piel.
Más tarde el destino, cruel y sin saber,
nos separó con un oscuro querer.

Como el sol que se oculta tras nubes de temor,
partí sin poder contarte mi amor.
Guardé en mi pecho el dolor y el clamor,
de un padre que ansiaba tu bienestar, mi flor.

Años han pasado, mi niña, desde entonces,
caminos distintos, compartimos silencios.
Hoy te encuentro, radiante como el sol en sus ascensos,
mas mi corazón tiembla, temeroso de los sucesos.

Quisiera contarte cada latido y sus razones,
decirte la verdad tras tantas estaciones.
Pero el miedo me apresa en sus prisiones,
y solo puedo ofrecerte mis manos, mis canciones.

Perdóname, hija, por el tiempo perdido,
por las lágrimas calladas en este olvido.
Aunque el pasado nos haya herido,
hoy estoy aquí, a tu lado, erguido.

En tus ojos veo la luz de la esperanza,
y en tus abrazos, el eco de la bonanza.
Quizás algún día, en una danza,
te pueda contar la verdad sin que nos alcance.

Hasta entonces, acepta este amor que te ofrezco,
como el río que fluye, constante y fresco.
Y en cada amanecer que contemplo,
sé que nuestro lazo es eterno e inmenso.

domingo, 31 de marzo de 2024

ODISEO ENCONTRÓ LA SOLUCIÓN

Insensata vida que por rudos caminos hace andar al amor y por cuya bondad fuerza al destino. Inocultable es el deseo reprimido que marcha previsible a la destrucción, confundiéndose ingenuamente con el fuego de la pasión. Triunfante y burlona se muestra la locura ante la razón; no siendo suficiente la poca claridad del ocaso para discernir sobre la complejidad de los huérfanos sentimientos que, en forma equívoca, con rienda suelta, buscan refugio en aparentes espacios de consolación. Estos despiadados desatinos son productos de las decisiones de los Dioses, que a su antojo manejan inexplicablemente las emociones y que en esta ocasión recaen sobre mí.

Una vez más Eros me ha herido eliminando toda mi razón, quien, ayudado por los apetecibles métodos de Dionisio, hacen que sea confuso, tenue, nubloso el perverso habitáculo en el que se mezcla la mentira con la verdad. Diviso levemente dentro de la espesa penuria de sentimientos, su excelsa belleza de la que brota la efímera, pero suficiente seducción, que distingue a Afrodita en persona, por cuya inevitable intervención se conjura la pérfida unión planeada por los dioses. Es inexplicable como de la fuente seca se puede sentir tanto placer y del oscuro goce se pierda el sentido del tiempo, del espacio y, con ello, de la sensatez.

El hechizo desaparece junto con el alba, momento en que pierde efecto el éxtasis producido por la magia de Dionisio, y en el que logro ver la gravedad de lo hecho y la realidad de su verdadero ser, con su cabeza llena de serpientes, sus ojos centelleantes y su violento e inestable parecer. Resultado de la mala crianza de Urano, la singular Diosa Lisa, quien para desventura de mi vida y por la misteriosa trama de los dioses, me ha tomado como rehén.

Pudiera salir de tamaña desdicha si al menos supiera la apuesta que juegan los Dioses sobre mi vida; pero nadie traiciona su secreto, por lo que la injusticia al pasar el tiempo se torna más dolorosa, logrando que envidie, inclusive, la suerte de Sísifo, que luce resignado en su eterno devenir, previendo con claridad, por lo menos, el futuro desdichado de su proceder; en cambio, mi existencia se transforma insoportable por cuanto no es el sufrimiento consecuencia de un castigo o la razón de mi destino; sino el medio para que aquella Diosa obtenga su inútil y extraño objetivo.

Por momentos siento mi apego como una simple adhesión a su piel, como la de un vil insecto que permanece inmóvil al consumir el néctar y permite lentamente ser devorado por otro de menor valía, como aquella araña que embelesado por el cortejo le es indiferente su futuro, aceptando servilmente su última misión e impregnando su interior a su amada, sin aditamento del riesgo que supone el final de tal osadía.

Otras veces, con reprochable asomo, al estar involucrado el designio de los Dioses, emerge de mí un paradójico engreimiento mezclado de victimización al considerar que tal vez debería recibir algún mérito por tan miserable porfía.

No es tan fácil salir del juego de los Dioses aun con muchas tácticas y estrategias. En vano resultan las comparaciones, muchos intentos han naufragado, algunas armas se han vuelto en contra y la previsibilidad antes que una ventaja, resulta una señal que muestra una inevitable derrota en mil derrotas iguales. ¿Quién soy para vencer la tentación de Dionisio o esquivar el perfecto tino de Eros cuando dispara su flecha que obnubila mi razón? Ni pensar de hacerle frente a la temible Lisa, quien con su frenética ira me ha vencido innumerables veces. En la ocasión que tuve el coraje y creí que algún avance había logrado, utilizó como estrategia la misma que con Heracles, con la diferencia que su enviada Iris envenenó mi cabeza solo en mi contra para luego burlarse de la derrota.

Aunque sepa una y otra vez que a la salida del alba, luego de que desaparezca la magia de Dioniso, descubra su verdadero ser, con la cabeza llena de serpientes y sus ojos centelleantes, no puedo evitar caer en el mismo círculo de dicha y desgracia.

Mi ruego y clemencia ante los Dioses no tiene respuesta. Atenea me ha salvado; pero no revela el secreto, me dice que soy ingrato, que es más importante resolver el problema y no intentar encontrar la solución del acertijo ni la razón de la misión impuesta por la divinidad, que al perseverar hasta llegar al objetivo todas las respuestas encontraré, que Perseo decapitó a Medusa sin conocer la razón del ¿Por qué lo hacía? Y Hércules superó las doce pruebas sin saber la razón del ¿Por qué ni para qué?, consideraron en su momento que solo eran castigos por su actuar.     

Ante lo doloroso de mi presente, mi debilidad de espíritu y falta de comprensión de la voluntad de los dioses, no logro concebir el sueño, tal vez por el miedo de que en cualquier momento se presente Lisa disfrazada de Afrodita o Dionisio me tiente con sus dulces pócimas o Eros me hiera con una flecha de amor y locura o los tres juntos, como lo han hecho antes, generando graves problemas. Ciertamente, tal es mi confusión, que no sé si los rechazo o los extraño y deseo que aparezcan aun sabiendo que terminaré indefinidamente sufriendo o finalmente devorado como hace cierta araña con su consorte.

Ante todo este desconcierto, cansado por tanto sufrir y pensar, me declaro vencido por la noche y procedo a reclinarme para dormir las pocas horas que aún quedan para hacerlo; de este modo, dejo abrir la puerta del silencio para que ingrese una y otra vez la voz de Atenea diciéndome con sabiduría: “Sigue el ejemplo de Odiseo con las sirenas y encontrarás la luz de tu salvación; de lo contrario,  una y otra vez a la salida del alba, luego de que desaparezca la magia de Dioniso, descubrirás su verdadero ser, con la cabeza llena de serpientes y sus ojos centelleantes”.


jueves, 14 de octubre de 2021

UNA MUJER REBUSCONA

Si bien no muy distinguida ya era conocida en el medio por su histrionismo al pedir ayuda constantemente a su hermano, quien pese a ocupar importantes cargos, jamás le dio vergüenza de cuidarla como una hija. Ciertamente no era agraciada, convirtiéndose en fuente de burlas por su belleza escuálida; sin embargo, parece que el viejo refrán de "la suerte de la fea las bonitas las desean" cobró vida en la historia de esta mujer.

Siempre mostró una habilidad única para manipular a los demás, reflejando una correcta y ejemplar conducta; mientras que la realidad se condujera por carriles de artimañas, astucias, malicias, intereses y egoísmo.

Por guía de su hermano conoció al que fue su novio: Un hombre culto, de trato agradable y con una presentación intachable que guardaba coherencia con su linda belleza. Era en cierta forma una pareja nada concordante, que por años mantuvo una relación gracias a los sacrificios de paciencia y amor que prodigara ese príncipe de ensueños.

En aquella oportunidad, como era de costumbre, el la llevó a pasear por la costanera en donde más que observar el mar, ella le saltaban los ojos al ver lo ordinario de la forma de ser de los marineros, de sus músculos, de su físico y de la forma airada de expresar sin tabúes sus deseos; todo lo contrario a lo que representaba su pareja. Al llegar donde atracaban los barcos, le preguntaron a ese marinero que, por su vestimenta y tatuaje, tenía pinta de haber sido de la fuerza naval o guarda costa, la hora de llegada de los grandes cruceros, siendo este saludo el inicio de una larga conversación que se trasladó a una local de bebidas hasta horas de la madrugada.

Contar los pormenores de esa reunión haría interminable este escrito; pero podría deducirse que la mujer seguramente haya sentido atracción por el marinero; aunque también puede suponerse, con poca credibilidad, que ella guardó sus ojos saltones solo para su novio. Lo importante de acotar es que de esa reunión informal se organizó un paseo en un pequeño barco hacia unas islas no muy lejanas. Obviamente el designado para conducir la embarcación era el marinero, adquiriendo de esta forma más protagonismo.

Llegado el día y la hora zarparon con buen tiempo. Fue un viaje en el que el marinero hacía galas de sus destrezas de manejar el barco aumentando la velocidad y haciendo bruscos giros que impresionaban a la mujer mientras generaban ganas de vomitar a su novio.

Es en este punto donde se cuenta la más extraña e inverosímil anécdota que marcaría sus vidas. Aproximándose a las islas, el marinero recibe un disparo a lo lejos, desde tierra, que lo tira al piso del barco, debiendo retomar la embarcación mal herido con ayuda de la mujer, emprendiendo el regreso raudamente, mientras que su novio quedaba estupefacto y atónito en una silla del barco.

Esa fue la información que transmitieron a los guarda costa y al hospital  donde fue atendido el marinero; aunque muchos esparcieron rumores de que realmente lo que sucedió fue un accidente por una escena de celos en el que el novio tomó una arma que estaba guardada en la embarcación y le disparó al marinero al ver una escena cruda que le partió el corazón. Nunca vamos a saber la verdad; pero lo que si es cierto, es que ella se quedó mañana, tarde y noche de compañía del marinero en el hospital por más de tres (3) meses.

Esa prolongada compañía generó que la relación de noviazgo, si ya no se había roto, se rompiera definitivamente y, no solo eso, según dice la mujer fue cuando apenas comenzó a sentir atracción por el marinero, lo que condujo a que iniciara con este una nueva relación que fue punto de lanza para chismes y rumores más graves.

Algunos allegados decían que la mujer mostraba un abultamiento de la barriga y cambios bruscos en la figura, que se evidenciaban por su extrema delgadez; sin embargo, ella negaba rotundamente tales versiones.

Con el tiempo se formalizó la nueva pareja, que apenas se dejaban ver en público y, aun vivían en sus propias casas, hasta que un hecho inusual y bastante extraño ocurrió: Justo a los nueves meses de aquel trágico viaje, al abrir la puerta de su casa el marinero notó que habían dejado abandonado un bebe en una cesta, por lo que, según el, no tuvo más remedio que pedirle a su novia que viniera a vivir con el para adoptar a ese niño, que también, por extrañas circunstancias, a medida que fue creciendo mostró un extremo parecido al marinero. Pareciera que las piezas están desordenadas y solo basta armarlas para descubrir la verdad de los hechos. 

Al transcurrir el tiempo la mujer no perdió sus habilidades de manipulación y el arte para acomodarse al mejor postor, aunque siempre volviera con el marinero. En especial apareció en sus vidas un hombre fornido, de aspecto ordinario, de risa soez al que ella no le era indiferente; es más, cuando la galanteaba, ella más lo azusaba y sólo cuando observaba que éste la presionaba demasiado, pedía auxilio a su marinero señalándole que le había faltado el respeto, lo que generaba interminables riñas y golpes entre los hombres. La astucia de la mujer se contraponía a la ingenuidad del marinero.

En una ocasión la mujer organizó un largo viaje supuestamente para visitar sola a sus padres en otro pais, que tardó 4 años, en el que sólo se comunicaba con su novio por cartas y al final del cual regresó con tres sobrinos (trillizos) siendo que siempre dijo que era hija única, sin hermanos.

Lo que es la vida, vemos lo que queremos ver; sin embargo, no observamos lo evidente de la realidad. Todos vimos que era una mujer rebuscona, maliciosa, interesada astuta y farsante; pero nunca le hicimos un juicio de moral por que nos interesaba ver más las peleas entre los hombres. Es lamentable que se sigan matando por esta clase de arpías con toda impunidad a través de las generaciones.

¿A qué se debe este relato corto sin profundidad? A la incógnita de desentrañar ¿quién es el padre de cocoliso? Si, Cocoliso, de Popeye, el mismo de la tira cómica. Muchos podrán reírse de semejante problema que le acarrea una perdida de tiempo al leer este escrito a este punto, no menor al mio; razón por lo que solidariamente volvemos a la niñez siendo adultos y resolvemos este misterio.

Ya a lo largo de este escrito con tintes y agregados literarios hemos dado la respuesta.

Efectivamente Olivia era una mujer saltonsita y no solo de ojos. Veamos que ocurrió a lo largo del tiempo en la vida de estos personajes

La primera aparición de Popeye fue el 17 de enero de 1929 como un personaje secundario de la tira cómica de Segar Thimble Theater, la cual era publicada desde 1919 en el periódico The New York Evening Journal. La tira era protagonizada por Oliva Olivo, su hermano Castor Olivo y el novio de ella, Ham Gravy.​ Popeye fue contratado originalmente por Castor y Ham para pilotar el barco que los ayudaría a cazar una gallina mágica. Semanas después, mientras viajaban de vuelta, Popeye recibe un disparo, pero la gallina le otorga fuerza sobrehumana como respuesta a sus cuidados. Aunque el personaje iba a tener un carácter temporal en la historia, su popularidad fue aumentando con el paso del tiempo y se transformó en el protagonista de la tira cómica. Además, Olivia dejó a Ham para convertirse en la nueva novia de Popeye.

En ese tiempo de moralismo extremo se encontraba prohibido en Estados Unidos, sugerir en las tiras cómicas que los protagonistas pudieran tener hijos como consecuencia de un enamoramiento, divorcio y menos infidelidades. De esa forma los libretistas y autores jugaban con los simbolismos y con las metáforas. Antes de mencionar hijos, preferían mencionar sobrinos, como es el caso de Tio Rico y el Pato Donald. Es claro que lo que quería decir el autor de la tira cómica y así lo ratificó en entrevista posterior, fue que Olivia, su antiguo novio y Popeye tuvieron un altercado por celos en la embarcación.

En 1933, Popeye recibió un bebé por correspondencia, al cual adoptó y bautizó Cocoliso (por la ausencia de cabello), fíjese que dice por correspondencia porque estaba prohibido mencionar otra forma de tener hijos en las tiras cómicas en ese tiempo; pero es su hijo engendrado con Olivia.

Otros personajes regulares dentro de la tira cómica fueron Pilón, un vividor glotón y amante de las hamburguesas; George W. Geezil, un zapatero barbudo que no se llevaba bien con Pilón, y Eugene the Jeep, un animal amarillo traído de África. Además estaba la Bruja del mar (última bruja sobre la tierra) y Alice the Goon, su secuaz.

La tira cómica presentaba ciertas diferencias con las series animadas. Las historias eran más complejas, con varios personajes que no aparecieron en los dibujos animados (el rey Blozo, por ejemplo). El uso de la espinaca no era muy habitual y Bluto solo tuvo una aparición; sin embargo, en la serie animada era un protagonista secundario permanente, del que sea de paso Olivia se enamoraba y desenamoraba con la misma facilidad. Segar firmaba las primeras tiras cómicas con un cigarrillo, debido a que su apellido era un homófono de "cigar" (cigarrillo en inglés).

Thimble Theater se convirtió en una de las tiras cómicas más populares de King Features durante los años 30 y continuó siendo publicada durante décadas. Tras la muerte de Segar en 1938, la tira cómica pasó a estar a cargo de varios artistas. En los años 50 fue creado un derivado titulado Popeye el marino. Debido a la popularidad creciente del personaje, Thimble Theater cambió su nombre a Thimble Theater Starring Popeye en los años 1960, y finalmente a Popeye en los años 70.




   



miércoles, 28 de julio de 2021

FINGIENDO LA REALIDAD A COSTA DEL SUFRIMIENTO

Ilógico juicio el que intenta el humano, cuando bajo percepción fingida, reclama cordura a una insensata naturaleza, no comprendiendo que en esa aventura cae preso de si mismo gastando su existencia en busca de la llave a la libertad segura. Infausta es la obsesión de encontrar la salida, por más que se escarbé en los motivos, más se entierra en la desdicha, tal fuera un perégrinoso laberinto que marcara el destino. No es solución sentir el logro efímero de pasar de una celda a la otra para hallarse en la misma porfía. Tarde o temprano el tiempo se detiene, el cansancio nos alcanza y vemos que está el mismo carcelero, nos observa esperando que la frustración aumente y se yergue fácil el trágico destino que soluciona las penas.

No está en la condena, en la llave o en la cárcel; ni siquiera es el carcelero los motivos del desconsuelo; está en el juicio que con la razón como fiscal, es segura la condena. No existe defensa oponible ante tal dislate de la percepción, el de juzgar a la naturaleza bajo la razón. Si esas son las reglas es claro el desveturoso destino para aquel que con valentía nota la realidad de la existencia; pero, ¡si de evadir se trata! basta mirar la tribuna, simular conceptos y deducir conjeturas, así podrán abstraerse de la cruel penuria, pero no del dolor seguro de los absurdos. En esa incoherencia, con el pasar del tiempo se busca el motivo del lamento en aquello que se inventó como causa, creando un arcoíris de sentimientos que aparece y desaparece sin dejar huella, la mentira se convierte en verdad justificando la tristeza de los ocasos, experimentando peor sufrimiento que el necesario para mantenerse respirando.

Queda a la intriga el ¿porqué la naturaleza dándole cabida a la razón, pueda generar tanta contradicción? no obstante, puede ser que unidas por un hilo inexplicable mantenga segura la existencia por más frustrante que sea ó por más feliz que pueda justificarse. Lo que si es cierto, es que vivir bajo la razón y sus construcciones solo aumentan sufrimientos y desdichas para ocultarnos el cruel proceso de la naturaleza, que despojada de valores marcha indomable por el camino que le plazca. Parece más importante percibir sufrimientos, que aceptar una realidad que no controlamos, tal vez radique ahí el motivo para que aun permanezca triunfante la existencia de los humanos.

Mezclar juicio de valores y percepciones con la naturaleza no parece lógico y, ciertamente no lo es; objeción antes de desbaratar las conclusiones, la confirma tal vez con otro enfoque, desnudando la misma- desagradable para muchos- realidad.

miércoles, 4 de julio de 2018

LOS RECUERDOS DEL MAÑANA


Recuerdos permanentes, insistentes, incisivos, indolentes que me matan sin que muera; recuerdos que reviven ausentes, recrean sonrisas y reuniones de seres aún vivos que tenían esperanzas y alegrías, que ahora lucen frustrados y muertos, que ya no viven como antes.

Recuerdos que lastiman por una historia que yace trunca, que no volverá, que se instalan en forma exacta en la memoria a medida que avanzamos con la edad. Pensar en lo que pudo ser y no fue, es el ejercicio más inocuo del ser humano, que al mismo tiempo causa deleite en discernir. Es como si uno viviera lo que vivió y lo que no vivió al mismo tiempo. Se suele congelar escenas que duelen, otras que sacan una sonrisa que nadie entiende, la adelantamos sin darle la importancia necesaria.

Recuerdos caprichosos, emergen sin llamarlos, sobresalen sin importar el lugar, la hora o con quien uno se encuentre, sin que les importen si estoy despierto o dormido, ellos colocan andar la película de la vida y aunque cierre los ojos, no quiera oírla; la veo cada vez más clara y con mejor nitidez y, lo mejor o peor, es que una vez obligado a observarla, me place recrearla cada vez con colores más diáfanos y entendiendo el guión como nunca.

 Recuerdos que nos hacen sonámbulos despiertos, que hacen que la mirada se extravíe en un destino cualquiera traspasando paredes, el tiempo y el espacio y me mantenga atento a una conversación sólo por cortesía. Se convierte en un don, en una habilidad que algunos tenemos, estar en el mundo de los vivos y en el de los recuerdos al mismo tiempo, es más, a veces los entrelazamos con comparaciones  graciosas que pocos entienden.

Recuerdos que nos adentran en una vida indescriptible, cuyos detalles sería imposible relatar a los demás, no alcanzaría el tiempo; imposible. Los recuerdos son tan lentos y detallados como el pasado mismo. El tiempo de vida es igual al tiempo de los recuerdos; sólo quedan resúmenes, conclusiones que nadie, salvo uno, puede comprender con exactitud. ¿Para qué en vano condenar  a otro a ver la tragedia,  que uno solo puede ver? ¿Para qué invitar a otro a reír o alegrarse con la comedia, que sólo uno puede ver y entender?. A veces, con mucho esfuerzo, los recuerdos se podrán compartir como un ropaje contra la intemperie; pero, sólo a nosotros nos abrigará del frio de la ausencia.

Recuerdos que son justo el resultado de lo que hemos vivido y nos indica lo que nos falta vivir.  A mayores recuerdos más es la vida que hemos vivido y menos la que nos falta por vivir. Los recuerdos constituyen la vida misma, se viven por dentro sin que puedan ser vividos por fuera. Con el tiempo y por amor, se comparte la vida con los demás; pero la verdadera vida cada uno la lleva en sus recuerdos.

Recuerdos son permanentes, no pasajeros, no efímeros, evadirlos no tiene sentido, triunfaran siempre, se deben afrontar, algunos buenos, otros no tan agradables, sufridos y generan lamentos profundos internos que brotan del corazón como bebe abandonado; pero justo es lo que integra con el pasar del tiempo la única vida que viviremos. Para qué abandonar los recuerdos, si es lo que somos, es lo que fuimos y parte de lo que seremos. Si no tenemos recuerdos podemos llegar a perder la razón de existir, del esfuerzo y sacrificio de haber vivido, del valor de haber superado esquemas. Uno puede perder la memoria; pero jamás perderá los recuerdos, si se extravían se recuperan fácilmente aun sin buscarlos.

Recuerdos que en algunos ancianos se convierten en el tema de conversación diario porque ha sido su única vida y por más que no queramos escucharle, tienen razón en contarla porque es lo único que hicieron y con eso se irán. Abstraerse de ellos para no molestar es imposible para muchos viejos. No están equivocados si pensamos que los recuerdos del mañana son el futuro de hoy o viceversa.

Recuerdos que a veces generan trastornos, rayan con la locura, que por la cadena de acontecimientos pueden restar el valor al porvenir; pero, no habrá que preocuparse, es sólo por un momento, tarde o temprano revertiremos el orden de las cosas y concluiremos, que por el contrario, generan ganas de vivir, inclusive aunque no sea cierto.

Recuerdos insensatos, indolentes que se asientan cada vez más en mi alma, retazos de ellos contaré, de otros pedazos bromearé y de algunos extraeré moralejas y ejemplos de superación para los demás; pero la verdad es que en su integridad, sin partirlos, no tiene ninguna utilidad más que vivir lo que se vivió, lo cual no es malo, es lo que somos, es nuestra compleja identidad.

Dios y mama linda, ayúdame por favor a cargar con nuestras vidas, con nuestros recuerdos, con lo que hemos vivido y han vivido alrededor de nosotros, por lo que fue y ya no es, por lo que tuvimos y ya no tenemos, por lo que no podemos expresar en razón de lo doloroso del recuerdo, por la desilusión, y aliméntanos con la esperanza de revivir nuestros recuerdos en otra vida con los seres que jamás perdimos.




domingo, 20 de mayo de 2018

domingo, 28 de enero de 2018

MI ETERNO GORRION

Mi gorrión con su lindo y tierno canto aleja mis tristezas, seca mis heridas,  me llena de encanto. Ese gorrión aunque no pueda verle porque se esconde en los arboles del tiempo y la distancia, mantiene su  canto cercano a mi afligido corazón.

¡Què hermoso que canta ese gorrión para mí!, ¡cómo se esfuerza para que  lo escuche dando gracias a la vida, siguiendo el designio de Dios!. En las mañanas canta como ninguno, no le importa la gente, no le importa el tiempo, las tempestades ni los huracanes, se mantiene incólume para trinar su esperanza, como si mi vida fuera la de èl.

A veces pienso que debería descansar tan solo un poco; pero es en vano dicho empeño, porque cada vez que me asomo, como vigilante lanza su canto, no lo veo, ni me ve; pero aun así, no descansa hasta que su trino saca una sonrisa de mi corazón. ¡Allí estas nuevamente gorrión!, gorrionsito, que llevo en mi piel, en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón y en mi alma, con su incondicional canto hace comprensible los desaciertos arropando con su manto protector la desdicha del sufrido.

No es inusitado su amor, el gorrión siempre ha estado cantando para mí. No puedo negar mis tristezas porque el gorrión resultó herido por los avatares de su vida difícil; pero guerrera y apartando sus penas, secando sus lágrimas, se ha mantenido entre las dificultades solo para seguir cantando y ¡miren que lindo que canta!, ¡quién podrá decir que no es el mismo gorrión, mira como alza sus débiles alas cuando me siente, saca fuerzas donde no tiene, como pomponeándose orgullosa porque debe cantarme, se le olvida los tropiezos, sus límites, su dolor y saca su voz de amor eterna!.

No salgas, le dicen, de tu nido seguro, que guarde energía yo mismo le exclamo; pero el olvida cualquier lamento, todo sufrimiento, sale como sin pensar y saca, para alegrar mi vida, su último aliento. Lo he sentido desfallecer y aun cantar, ha caído y aunque a veces sintiera que no puede, sin fuerzas se las arregla en su mente para cantarme mágicamente y yo en mi mente escucho su canto.

¡Què lindo gorrión, que amor que brota, escuchen todos por favor al gorrión eterno de mi vida, escuchen su lindo canto, que importa si lo veo, que importa si me toca, si canta para mi como la primera vez. Lucha para seguir cantando y aunque no cante sigue cantando!.

Mi lindo gorrión que amo, que lindo gorrión que suaviza mis penas, que tierno gorrión indefenso cuyo tiempo hace mella en su cuerpo; pero no en su espíritu, no en su alma y en su corazón.

Gorrión eterno, gorrión gracioso que endulza la amargura de las propias penas y las ajenas, sigue cantando, gorrionsito, aunque no cantes, gorrión sigue alzando tus alas aunque no vueles, sigue gorrión que yo te escucho, te escucha mi corazón más fuerte que mis oídos. Gorrionsito lindo canta, canta,  canta tu canto libertario de mi vida orgullo de tus logros.

Solo te pido algo gorrionsito de mi vida, enséñame tu canto,  quiero cantar para que el universo sienta mi espíritu como el tuyo, enséñame como trinar para endulzar las tristezas, para perdonar, para desafiar los desengaños, para mantener la esperanza, enséñame a enseñar. Gorrionsito, sobre todo muéstrame como cantar sin cantar. Te amo gorrión distante y cercano.

Se que mi canto no iguala al tuyo, gorrionsito, pero te pido por favor, que me enseñes a cantar para cantar mi llanto y sanar el tuyo. Escucha gorrionsito mi voz que te da mi más profundo amor para aliviar tus penas.

No te desanimes gorrionsito porque tus patitas y tus alitas estén débiles; pero tu voz es fuerte y se escucha no porque provenga de tu boca o garganta; sino porque brota fuertemente del corazón.

TE AMO MI GORRION ETERNO, TU CANTO  ESTA GRABADO CON TINTA INDELEBLE  PARA SIEMPRE EN MI CORAZON RECORDARIO. SIGUE CANTANDO, VAMOS GORRION, TU PUEDES, SIGUE CON TU CANTO.


TU MI MADRE QUE TE AMO SIEMPRE SERAS MI HERMOSO Y LINDO GORRION. GRACIAS MAMITA .     

lunes, 13 de febrero de 2017

PERDONA SI TE VEO HERMOSA


Perdona si mil veces te digo que te ves hermosa sea cual fuere las diferentes galas que te coloques, aunque sean disímiles en su coherencia estética; por otro lado, niego que no tenga idea de la relatividad de aquello que le dicen moda; disculpa si aquel vestido me ha parecido lindo por ser largo y aquel otro màs bello por ser tan corto; no te engaño cuando te digo que aquel holgado es perfecto para ti linda mujer o, ese que no te gusta ajustado al cuerpo, lo noto como regalo de lo dioses para que deslumbres a los hombres.

No me condenes, no desesperes, no he sido hipócrita en el amor, no es que te diga lo que creo quieres escuchar, ni que no siga tu opinión, que desee endulzar tus oídos con mentiras y sin pasión. Soy honesto contigo, por lo que rechazaría que cambiaras mi compañía por lo que dices seria una franca amiga. Te confesaré que si hermosa siempre te veo no es en vana porfía, es por el don que lo dioses han derramado en tu nacimiento, de que manejaras el tiempo, de quien en ti fija el amor y aunque no lo creas, he de explicarte la razón de mi obsesión.

Pasa el tiempo e impregna de rigor tu piel luciéndola más ferviente para quien ama tu presente como tu pasado. El hechizo ha funcionado y el tiempo se ha detenido parcialmente en favor de tu perenne belleza, sin que los cambios del verdugo de la juventud haya bajado la espada sobre tu hermosa figura. Asì  ha de ser la magia de tus primeros besos cuya salvia de pasión me hiciste probar, que ha funcionado con una contundencia manifiesta ante mis ojos, que sòlo ve el devenir del mundo manteniendo inmóvil como congelada, como fija en la vitrina de la vida, como pausada tu mirada, Como infinita en tu sensualidad, como coqueta ante las tormentas, como fácil ante el embrujo de mis cortejos, como feliz y contenta tal bailarina de cuerda. 

Que hombre ha podido decir que el fruto viviente de nuestro amor ha apagado el fuego de tu excepcional belleza; seguro ha sido quien sòlo ha sentido la desvanecida nieve de los páramos fríos que se hayan en su corazón,  porque en su vida nunca fue amor lo que creìa; lo que proclama con orgullo y con razón es sòlo simple y desapasionada observación. Siento lastima por aquel hombre que ve apenas con los ojos y no con el corazón, nunca fue hechizado por las caricias de una mujer que se entregó con la fe y constancia de apostar y arriesgar todo por una ilusión. 

Si ahora debo elegir entre defraudar y estafar ese sueño de esa bella mujer por mirar la realidad del paso del tiempo  o sentirme orgulloso, como lo estoy, de seguir engañado, embrujado, obnubilado y perplejo inconsciente de las formas, estatua de tu belleza inmortal, he de preferir morir infame ante la magia de tu hermosura, aunque me tilden de orate, y, he de recibir mil veces esa, que para mucho es una ofensa, antes que la floja y fría cordura de mirarte con el calendario, con el reloj, con el transcurrir del tiempo, porque es evidente y nadie puede objetarlo que no existe amor sin locura y loco soy de tu amor. 

He sido sincero y por eso pido clemencia, no me cambies de espectador por una objetiva observación de una amiga; quiero seguir viendo tus interminables y ambivalentes pruebas de lucir como una reina, aunque dejares los ropajes en forma descontenta y regreses  igual, siempre para mi seras la mas bella de las mujer de la que me enamoré y si a cambio de algo sirve te desahogues con quien no luce con una firme opinión, que sea conmigo y que sea con mucho enojo, con mucha furia que todo lo cambiaré con mucha pasión en la que te convenceré que aun sin ropa eres la mas linda y sensual mujer.  

viernes, 11 de noviembre de 2016

TAN CERCA Y TAN LEJOS

Colores y paisajes hermosos salidos de una primavera que nunca fue, predisponen al corazón a palpitar por las emociones de un amanecer de los que ya no se recuerdan; si acaso se alcanzan a vislumbrar forzadamente por una memoria que instintivamente  alienta la vida, utilizando un instrumento mágico imaginario tal fuera un prisma, cuyo lente afectivo hace que ingresen muchos rayos tristes; pero que refleje una luz de optimismo casi irreal. Esa paradójica dualidad idealista es el motivo de contar una anécdota ocurrida en otro día de antinomia obligada, el de una asoleada en pleno invierno.

El sol es incandescente, el calor brota de todos los contornos; parece salido de la vestimenta que se adhiere a la piel como si fueran una misma cosa. Se genera la sensación de un andar rápido en la mente; pero ciertamente lento al pasar. Por un momento me despejo mirando las olas del mar, deteniéndome en  ese viejo camellón, olvidando así el azaroso día. !No es la mejor playa¡ y tampoco fue la que mejor disfruté; pero, por una razón que aun desconozco, es la que toma la melancolía como símbolo de la añoranza. 

De ese modo, sin pensar en nada, como es costumbre del costeño, miro y vuelvo a mirar el mar, una y otra vez; pero ésta ocasión es diferente, ya que al mismo tiempo imagino que un extranjero me observa sorprendiéndose por el amor que siento al contemplar "ese mar y las olas tranquilas". Ante tal ocurrencia, recreo que el forastero no pudiera aguantar su inquietud  por saber '¿qué siente y piensa en ese momento un costeño en esa situación?, por lo que osadamente procede a preguntarme, temiendo que, tal vez abstendría una respuesta  grosera; pero, por el contrario, ese ser del mar, ese hombre humilde, con voz tranquila y sonriente que "soy yo", pero que puede ser "cualquier caribeño", contesta: “En nada, el mar se mira, no se piensa", generando con dicha frase, la entrada a un diálogo relajador.

Este episodio lunático es el fruto inconsciente del concubinato de la confusión con la impotencia; es la tristeza por ver la desidia de mucha gente por lo simple y no entenderlos; no obstante, en esa incomprensión encuentro la respuesta, sobre todo analizando mi dilema. Podría decir que soy dichoso por comprender la importancia en la vida de lo básico y primordial; pero no es así todo el tiempo, porque la mente se obnubila y la razón y las emociones juegan a las escondidas; a veces aparece una y la otra se esconde y viceversa. Siguiendo ese derrotero y la historia, pienso que ese "extranjero", ese ser que en mi imaginación no tiene rostro, para que ¡preguntara tal cosa!, tendría que ser otro desinhibido caribeño, o sea, en este caso, tendría que ser "otro yo", por lo que efectivamente estoy representado dos personajes al mismo tiempo al mirar el mar: El personaje extranjero que viene a preguntarme y el caribeño que le responde; sin embargo, el que más me gusta y apasiona es el que responde: “Nada, el mar se mira no se piensa”, una respuesta profunda, sencilla, sin complicaciones, consecuencia del modo de ser del hombre costeño; en cambio, la pregunta del extranjero lleva implícita complejidades, ahondar sobre la vida y sus sentidos, si acaso existen, filosofar con lo efímero de la vida, lo cual, por antonomasia, no es razonable en sí mismo. Lamentablemente confieso que también soy el "extranjero".

De esta forma, entonces, me encuentro mirando esa playa hermosa ó mejor dicho “nos encontramos” el extranjero y yo despejándonos; debiendo hacer una aclaración, yo veo fijamente al mar y, el extranjero más me ve y analiza a mí que al mar, como si hubiese viajado de tan lejos sólo para ver un hombre cualquiera; pero no importa, pienso que es normal; él tiene mucho tiempo que no ve un hombre enamorado de lo simple y yo tenía tiempo sin ver la playa y el océano; creo que mientras no pregunte tanto se hará tolerable su compañía.  

Como puede notarse, siempre el hombre, aun en cualquier grandioso y espléndido lugar, tiene la mente en una permanente introspección, que implica infortunadamente la imposibilidad de descansar absoluta y completamente.

Algo me anonadó y lo hará siempre, sin cansarme; es es el imponente morro de esa playa, lo dibujaría sin verlo. Me conduce a una extraña contradicción desarrollada por los sentidos, de que a lo lejos se ve cerca y a lo cerca lejos. Ese montículo hermoso de piedras me deleita, deseo estar allí, ver el mar desde ese magnífico lugar es fascinante, más de una vez me he desplazado imaginariamente hacia el; justo está a la vista de la prueba de la redondez de la tierra, en cuyo paso cualquier barco no se ve más y desaparece.

Ese morro para el "extranjero" no será nada porque estará acostumbrado a ver cosas más impresionantes; pero para mí, durante gran parte de mi vida, fue como el fin del mundo, era el límite de lo posible e imposible y, aun lo sigue siendo, porque después de él no sabía que había ó aun deduciéndolo no importaba, porque lo cierto era que en ese punto siempre se perdía mi mirada y no regresaba.

Soy "yo" ahora el que pregunta a ese "extranjero" el mismo que parece estar obnubilado por el  cuadro de mi perfil, ¨¿qué existe después de ese morro y aún más allá? luego del océano ¿qué viene? y si sigo por la costa hacia mi derecha como un cangrejo errante, como un ballena franca ¿a dónde llegó si la bordeo sin descansar?. El "extranjero" limpiándose las uñas con un palillo que consiguió en la arena, me responde de una forma tan básica, como desquitándose por mi respuesta: "Existen otros países y otros mares".

Dicha respuesta me pareció muy obvia, no propia de un foráneo, a tal punto que comencé a dudar si "el extranjero" era mi otro "yo"; lo que sí ocurrió fue me volví a la realidad al sentir tanto calor, que no daba para hablar muchos más y, solo le repliqué: "Ojala en esos extraños limites un poco de frio hubiera".

El "extranjero" exclamó que: "Si como cóndor volaba y rodeaba las costas hacia el sur, seguro encontraría frio; pero que lo más probable era que me encontrara a mí mismo".

Esa respuesta me sorprendió, fue de tal entidad, que el extranjero desapareció como personaje, ya no existía. Quedé solo, pensando que detrás de ese morro y, dando unas vueltas no se ¿hacia dónde?, estaba "yo" también. De alguna forma comencé a recordar en mi "otro yo" lejano; de alguna forma lo extrañaba y hasta pesar sentía por él (yo).  

Yo estaba tan lejos y tan cerca, sabía perfectamente que mi "otro yo" no vendría a ver el morro, no podía hacerlo por el momento; sin embargo, después de tanto reflexionar me fui convenciendo que el "otro yo" es quien les habla o escribe y, por tanto, nunca fui el protagonista de esta historia. Comencé a sentir angustia descendiendo en una paz y tranquilidad majestuosa y, aun sin saber ¿quién era?, me dije que "iba a buscarme una y otra vez hasta encontrarme" seguramente cuando lo logre, podre ver el morro con mayor alegría. 

Así fue la anécdota de como para recordar marché siendo "extranjero" y, para regresar lo hice siendo costeño. Así me quedaré.


 Fue bueno el descanso y el paseo; ahora es tiempo de seguir sobreviviendo.

lunes, 23 de mayo de 2016

SÓLO A LA TIERRA ME DEBO

Salí de la tierra y a la tierra me debo. No es mi creador; pero en su  aridez brotó la semilla de  mi ser.

No es el nacimiento el que le da futuro a la espora que deambula desesperadamente; es la flor cuyo néctar recibe su visita para darle vida a la vida. Néctar a veces pasado en su dulzura o en su simpleza, que definitivamente influye en su torrente para darle una existencia efímera o débil a los rayos del sol; sin embargo, sólo a ella le corresponde sobrevivir.

Me debo a la tierra y solo a la tierra recuerdo, sólo como la planta que crece y muere con o sin sustento. No es el devenir desagradecido el que forma la percepción injusta de las miradas omnipotentes; sino es la comprensión emocional que evade la debilidad intrínseca  de la creación imperfecta y aun así agradecida.

Sí, sólo a la tierra me debo. Cuando he tocado soberbiamente las cumbres creyendo estar en el cielo; lo cierto es, que jamás he dejado de pisar la tierra y, cuando he caído en infinitos abismos siempre he chocado con la tierra que me ha recibido, aún con sus fangosos barros negros y lodosos. La tierra y sólo a la tierra me ha afirmado aun no queriéndola ver.

No es el abono vigoroso el que genera una planta hermosa; es su capacidad natural de sobreponerse a la ausencia del abono y a su cultivador que la hace perenne como la maleza que no requiere cuidado; por ello, la planta sabe que sin la tierra no existe y jamás la olvida.

El creador poderoso sabe y conoce que me ha enviado a la tierra y a ella me debo como ser imperfecto e insensato; que sólo arrastrado de rodilla en su plenitud podría ir algún día  al cielo; pero solo gracias a lo  que por Dios aprendí en la tierra puedo tener la esperanza de llegar a ese misterioso espacio del que nadie ha regresado.

He saltado, he volado en aves mecánicas, he subido en escaleras muy altas; pero tarde o temprano vuelvo a la tierra ya sea en sus cumbres o en sus llanuras o aun es sus grandes pantanos. De la tierra soy y solo de la tierra seré. No es un grito imponente y soberbio que olvida la indefectible relación del cosmos, de las energías, de las cosas y de los seres vivos; muchos menos es desconocer la incontrovertible ley de la causalidad o del conductismo aprendido, e inclusive, de los efectos de los conflictos en la red eléctrica neuronal, ni el debate inerte del yo y super yo; simplemente es aceptar que a la vida vine y en la vida debo estar y, mientras el supremo no disponga mi muerte, todo aquello que no puedo cambiar, puedo adoptar la aptitud inteligente que implique en ella permanecer; mientras cumplo la misión que encuentre teniendo presente las misiones exitosas y aquellas pérdidas.

Que  puedo pensar del bosque, de la selva, de las demás plantas. Que todas en la tierra han estado, se ha arrastrado en ella, se han estrellado contra la tierra y de la tierra han salido, han crecido, han evolucionado y, que sin embargo; por muy alto que lleguen siempre la tierra pisaran.

Esa es la verdad de la vida humana; tal vez no la de Dios porque en verdad a él todo se lo debo y de él bendigo sufrimientos y emociones, le agradezco infinitamente su aceptación, amor y misericordia, lo más importante sentirme pleno sabiendo que no  me garantiza ni la dicha constante, ni la fortuna ni  la salud infinita, el me promete más que eso. Gracias Dios por enviarme a la tierra.    



viernes, 19 de febrero de 2016

LA FELIZ FRUSTRACIÓN DE SISIFO

No se le acaba la tinta al escritor; se agota la sangre en sus venas y el pulso se  vuelve lento; no es que su escritorio se mueva al ritmo de un terremoto; es que le tiembla el pulso, el alma, el corazón cuyos racimos de esperanzas no dieron el fruto que esperaba sino que  brotaron granadas de despecho, de dolor, de tristeza  y de desconsuelo.

No finge la mirada del poeta, son sus sentimientos que le mienten para encontrar zozobra en un mar de desdichas y penas; tampoco se considera único: sabe y conoce que es uno más de toda la humanidad que padece el desatino lógico de la relación de la causalidad de Cándido y por lo pronto encuentra aliento en el creador que tampoco entiende.

No existe metas únicas y finales, no existe paz y tranquilidad relativa, son cadenas y cadenas de eslabones donde el trapecista de la vida debe sortear los obstáculos cada vez más altos y peligrosos  para llegar al final que no ve, que no observa, y, sin embargo; sigue avanzando consiente que el público lo aclama y que no puede fallar. El trapecista se cansa prosigue y en su esfuerzo infinito se entristece por su lucha inerte; pero sabe que caer no es la solución  para resolver su problema, porque es sabido que lo espera una red que lo sostendrá y protegerá y, entonces, deberá empezar desde cero. Esta  condenado si, se siente a veces condenado; otras feliz aclamado; otras condenado- ese es el dilema.

Es como Sísifo inmortalizado por Camus, quien había sido condenado por los dioses a realizar una actividad absurda:

¿Por qué fue condenado a empujar incesantemente una roca hasta la cumbre de una montaña? Cuando estaba a punto de morir, quiso poner a prueba el amor de su mujer, ordenándole que no enterrara su cuerpo sino que lo abandonara. Sísifo murió y ella obedeció la orden tan contraria al amor humano; ya en el Hades o infiernos, obtuvo el permiso de Plutón para volver a la tierra, momentáneamente, para castigar a su mujer. Pero de nuevo en el mundo de los vivos, el astuto Sísifo se vanagloriaba del éxito de su estratagema, manifestando a todo el mundo que no tenía intención de volver a los infiernos. Así, "durante muchos años más vivió ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra". Pero, cumpliendo un decreto de los dioses, Mercurio lo cogió por el cuello y lo devolvió a la fuerza a los infiernos, donde ya había preparada su roca.

Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. [...]

Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil pequeñas voces maravillosas de la tierra. Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por el, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando.

Sísifo al pie de la montaña siempre vuelve a encontrar su carga. Sísifo enseña la fidelidad superior; pero al mismo tiempo niega a los dioses y levanta las rocas. Él también podría juzgar que todo está bien o mal, sin embargo, este universo por siempre no le parece estéril ni fútil. Tal vez y solo tal vez cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.

Cuesta mucho imaginar a Sísifo feliz. La toma de conciencia de la propia condición, el no optar por el camino fácil de la sumisión es lo que puede llenar el corazón de un ser humano en triste y frustrado.

Hamlet lo resumía sublimente:

 ¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?

Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así!

¡Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
Eso es, eso es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran
al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando
una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida
su fardo abrumador?...


 Pero enseguida el mismo se responde:

“Pero hay espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbo, y sin acción murieron”.

Al final se supera la confusión por instintos naturales que imponen una vejez en la que como paradoja reluce la sensibilidad extrema, es todo una injusticia; pero al fin una injusticia honesta, porque al nacer nadie prometió la felicidad pura; por el contrario, aquel que merece el respeto y adoración resumió: “Toma tu cruz y sígueme”.

Cada día trae su afán, su sufrimiento; siempre se debe estar vigilante porque en esta vida no existe enemigo pequeño y entre más vacío interior tenemos el enemigo gatito se convierte en un feroz león. 
   


martes, 21 de julio de 2015

LAS PRIORIDADES DEL MONO

Esta es la historia repetida de un cuento que comienza con una monótona “érase una vez”  e inicia de esa trajinada forma porque de otro modo no puede tener entrada la conocida en insólita vida del mono y su familia  que se encontraban en la absoluta inopia desde que por mala fortuna avizoraron aquel tigre que casi deja sin cabeza a una de sus crías; no obstante, claro está, que ya había pasado mucho tiempo desde aquel infortunio, a tal punto, que se rumoreaba, inclusive, que el felino había muerto.

El mono se empecinaba en afirmar que si bajaban, el tigre podía aparecer y comérselos ferozmente; por ello, inteligentemente, según el mismo se califica, se ideó una forma- la forma- o mejor dicho: “su fórmula” para vivir; más bien, “sobrevivir”:  Estableció normas de conductas, dentro de ellas se destacaba la principal: “La de que ningún monito ni la monita de su pareja podían bajar por ningún motivo del árbol”; porque, supuestamente, el honor de morir radicaba en el macho de la familia, sólo en él. Así las cosas, apresuradamente bajaba, se subía al árbol más cercano, desprendía bananas y se la llevaba a su familia.

Transcurrieron muchos años viviendo de la forma en que el mono creía que era lo mejor para su familia; sin embargo, no se percató que los hijos crecían y que las otras familias sumaban comodidades porque todos sus integrantes trabajaban sin temores, y, si bien, él de alguna manera consideraba que su familia podía estar igual o mejor; mantenía incólume sus reglas de vida esgrimiendo un fuerte argumento; tan fuerte como falaz: de que la vida de su familia no corría peligro y prefería la conformidad e incomodidad perenne antes que el acecho de la muerte.

El bondadoso mono siguió así por años creyendo de buena fe que realizaba un sacrificio para su familia y que aquella mona lo esperaría en su guarida cada vez más agradecida por tan actos heroicos; pero, desafortunadamente, en la vida cada mono tiene una visión diferente, los árboles se hacen pequeños para la familia y algunas monas piensan de acuerdo al tamaño de la banana que le traigan; al parecer, un charlatán mono saltarín le llevaba una banana muy grande todos los días, justo cuando el mono protagonista de este cuento no estaba; tanto que la bruta y fría mona se fue detrás del nuevo embeleso, no por astuta, porque poca inteligencia tenía; más bien por ignorancia y engaño.

Los monitos ya no eran tan monitos, comenzaron a notar que el tigre de papa ya no existía y bajaron e hicieron sus vidas pensando de alguna manera, que su padre era responsable de tantas falencias. Por su parte, la mona hizo su vida con el mono de la banana grande y, aunque cada tanto recibía banana de ambos, ya tenía claro a quién amaba.

Pasó el tiempo para todos, menos para el mono que siempre regresaba al mismo árbol, lo subía  pensando en el tigre, una vez instalado comenzaba a ver entre recuerdos a una familia que ya no estaba a su lado: su hijos habían partido al igual que su pareja; mientras él seguía arriba mirando el suelo temiéndole a un tigre que no aparecía, sintiéndose seguro en un árbol que sólo le ofrecía recuerdos malos, soledad y melancolía.  

Cuando desde la cúspide del árbol veía a lo lejos a su antigua pareja disfrutando con otro macho, se envalentonaba y pensaba  en echar suerte sin importar si aparecía el tigre; pero, su pensamiento era más grande que su valentía; algo lo detenía o mejor dicho alguien; así elucubraba, en un laberinto de ideas sin salidas, el que posiblemente sus hijos volverían o su expareja regresaría y el no estaría en ese momento para protegerlos; es más, consideraba ilusamente, que el tigre aparecería ante ellos y estos buscarían su ayuda diciéndole que siempre tuvo toda la razón.

El mono se hacía cada vez más viejo, sólo, deprimido y triste; no obstante, un grupo de monos nómadas que se desplazaban por el lugar le invitaron a formar otra vida en una apartada región de la selva, ante lo cual él preguntaba ¿ si a dónde iría era selva o un lugar con más tranquilidad?, a lo que le respondían que era la misma selva; sólo cambiaba el lugar; pero con el beneficio para él de no tener que ver recuerdos, nostalgias y sentir el miedo al tigre, lo cual le podía dar lugar a rehacer su vida y construir un descanso para su vejez.

Dudaba de ¿cómo comería; dónde dormiría y  si en aquel lugar las bananas era fáciles de recoger? A tantos interrogantes los nómadas no podían responder; pero, le indicaban que juntos podían construir una vida mejor.

Después de tanto pensarlo, el mono de esta historia a quien le pido excusa por criticarlo en el desenlace de esta narración, decidió quedarse bajo el falso raciocinio de que aunque cada vez hubiera menos bananas donde él vivía, algo comería, y, además, ilusionado más que preocupado, porque su familia lo llegare a necesitar alguna vez, tal vez su ex pareja mona se arrepentiría; por último, sutilmente dejaba entrever que ya estaba viejo para improvisar en su vida.

Como debo darle un final al cuento, pido por favor no me tache de cruel; pero no encuentro otro del que usted en este momento ha podido pensar; si efectivamente, el mono se hizo viejo, débil, su familia no regresó a su árbol de la forma que él pretendía y, como cada vez tenía menos fuerzas aunado a que la comida escaseaba, moría poco a poco de hambre; a pesar de todo, obtusamente él estaba contento de su decisión.

Un día, como lo fue aquel día en el que debe terminar este cuento, el mono no aguantaba la soledad y la fatiga por lo que bajó serenamente del árbol a buscar a los alrededores si quiera una cascara de banana para comer. De repente, dentro de la maleza, apareció ante sus ojos aquello por lo que había temido toda la vida, si, era el tigre que aunque también envejecido no perdía su ferocidad.

Lentamente se acercó al mono quien sólo lo miraba estupefacto y antes de atacarlo le hablo así: “Sólo te haré una pregunta mono estúpido ¿por qué si sabias que algún día regresaría  no te cambiaste de lugar o de árbol? ¿Por qué me esperaste tanto tiempo si debías escapar como los otros animales? ¿Por qué amas tus miedos más que tus deseos? ¿Por qué buscas la muerte teniendo la vida?”, agregó: “Mono necio te diré que yo también estoy viejo, casi mis garras no desprenden las presas, mis pasos no son tan rápidos como antes; sin embargo, pensé que en mi juventud había atacado a un mono que se refugió justo en ese árbol y aunque las posibilidades eran mínimas de encontrar a alguien, intenté darle vida a mi esperanza; mientras  tú le dabas vida  a la muerte. Te agradezco mono porque que hoy seras mi comida, justo no puedo correr, pero tú menos con lo desgarbado que te encuentras, mis colmillos han caído no siendo esto problema ya que si acaso tienes piel que bien pueda morder.

El mono escuchaba sorprendido aquellas palabras y antes de ser comido contestó: “Ahora entiendo; no eres tú el que me comes, soy yo el que quiero ser comido; no son los riesgos los que evité; son los riesgos que siempre perseguí; no busque ser amado; busque ser despreciado; no nací para vivir, nací para morir. Sírvase señor tigre seguir viviendo que yo ya morí desde hace tiempo.  

Cada uno de nosotros tenemos un árbol, un tigre, riesgos, una aventura, una invitación o proyecto, un aprendizaje de aciertos y errores y, lo más importante, una vida que definimos. Solo nosotros podemos cambiar el final de nuestro propio cuento colocando a cada personaje donde debe corresponder, nadie más lo puede hacer.    
    



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