La vida se debe sentir en su doble connotación, la difícil y la fácil, pues, hasta los momentos dolorosos nos sirven para progresar como ser racional; por tanto, no es válido culpar a un ente adstracto com la "vida" de nuestros sufrimientos, pues, generalmente son el resultado de nuestra conducta; sin embargo, nunca es tarde para volver a empezar y recibir los frutos que siempre deseamos y, lo que es mejor, observar éste don maravilloso en todo su esplendor, recordando también esos sencillos, simples, pero tan buenos momentos de la vida; de esa forma sentiremos que hemos cumplido un trayecto sin resentimientos ni reconceres y en Paz. Les comparto este poema que enseña el el mencionado equilibrio de la vida.
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas.
Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Del poeta Amado Nervo.
El Illo
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